sábado, 24 de diciembre de 2011

Segundo punto de inflexión.

Ahora consigo verlo todo mucho más claro. La honestidad ya no es un concepto abstracto, la honestidad tiene nombre y apellidos, tiene variantes y colores, tiene matices y sombras.
Es un contrasentido, es un absurdo, es un bucle infinito de ideas y sentimientos, y me devora cuando yo intento devorarlo a él; pero a la vez es cuidadoso y atento.
Soy consciente de que no puedo estructurar mis ideas tan fácilmente como me gustaría, que la honestidad no es un sustantivo que se pueda guardar en la personalidad de uno como, por ejemplo, la extraversión o la introversión; todo lo contrario, existen diversos cajones que se abren y se cierran, se pisan y se ceden el paso, se aman y se odian. La honestidad también es triste, la honestidad está sola o mal acompañada, la honestidad es feliz y la honestidad es falsa.
Hoy, como de vez en cuando, he conocido otra de las caras de la honestidad. Llamémoslo segundo punto de inflexión. Mire por donde mire sólo veo palabras vacías, sonrisas apagadas, prejuicios absurdos enmascarados. Pero, ¿sabéis qué? No es ningún misterio, pero he llegado a la conclusión de que enmascarar la verdad es absoluta y completamente necesario. También os diré una cosa, la falsedad como tal no es tan frecuente como la honestidad enmascarada.


viernes, 16 de diciembre de 2011

Bienvenidos a casa.

"Recuerdo todavía con claridad el primer día que fui a visitar aquel pequeño piso del centro: Era un sitio tranquilo, pulcro, con clase. Tenía algo que me gustaba y me desagradaba a la vez, y aquello lo consideraba bastante atrayente. Aquel mismo día por la tarde firmé el contrato, y esperé pacientemente a que todos los trámites estuviesen a punto para poder mudarme cuanto antes.
Por aquel momento estaba desesperada, no sabía bien qué hacer con mi vida: intentaba construir un cimiento sólido a mi alrededor para sentirme segura cuando ni siquiera sabía bien qué estaba buscando o qué esperar de mí y de los demás... En ese momento sólo pensé en reinventarme como solución, y de alguna manera supongo que funcionó. [...]
Transcurrieron unos cuatro meses hasta que por fin pisé aquel piso, que supuestamente debía ser mi casa, y ésta se sintió más vacía que nunca. Era septiembre, y el Sol seguía reluciendo y abrasándome con su calor como si estuviésemos en pleno agosto. Me molestaba. Me irritaba. Me desquiciaba. Todos aquellos ventanales que me había asegurado se construyesen en un punto estratégico para que diesen el máximo de luz posible ahora se estaban volviendo contra mí. Como medida preventiva me encerré en mi cuarto con las persianas bajadas hasta que aquel peligro, la luz, dejase de acechar. No quería salir de casa, tenía miedo. Dejé de comer porque esa actividad implicaba hacer la compra previamente, y no creía tener ganas ni, paradójicamente, tiempo de salir a la calle y molestarme en pensar. Pensar daba asco, pensar era horrible. Pensar era tedioso. Me limitaba a dormir, a leer y a escribir y me sustentaba en base a las cantidades ingentes de comida que mis padres me traían periódicamente a casa para que "no cayese enferma".
Pasaron los meses, y la cosa seguía estable dentro de su tremenda inestabilidad. Los cuadros de la casa estaban torcidos, las figuritas de mi infancia que llevé conmigo al trasladarme y que con tanto cariño había cuidado durante toda mi vida acumulaban ya demasiado polvo y estaban feas, mugrientas, rotas; los cuadernos de notas se amontonaban encima de mi escritorio impregnados de palabras malsonantes, de frases sin sentido, de historias irreales, y nada podría haberme importado menos.
Nos encontrábamos en diciembre, el mes de la felicidad por antonomasia, cuando alguien se dignó a llamar a la puerta de mi casa. Corrí a abrirla pensando que sería alguno de mis padres o incluso mi hermano, pero no fue así, ni mucho menos.
Frente a mí se encontraba una chica de unos catorce años menuda, bajita y con cara de interesarle bien poco el mundo. Era mi vecina, lo sabía porque el primer día que entré en el edificio me la encontré saliendo de su casa y me saludó toscamente con un gesto de cabeza, hecho que me pareció bastante rudo. Me había olvidado de ella, me costó un poco reconocerla.
La miré de arriba a abajo. No dijo palabra y la invité a pasar. Se sentó en mi sofá y comenzó a dialogar consigo misma con la mirada. Yo quería ayudarla, pero comprendí que los vecinos no son amigos, los vecinos son compañeros de gastos comunes, de asuntos que interesen en cuanto al tema del inmueble se trata. Por algún extraño motivo quería cogerla cariño, pensé que rellenaría el vacío que llevaba sintiendo durante tanto tiempo, y así lo hice.
En ese momento sentí que moría un trocito de mí.



viernes, 9 de diciembre de 2011

Monsters don't scare me now. Behind every shadow there's something bright waiting to be discovered and released.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Aprender a equivocarse.

Sus palabras retumban en mi cabeza con fuerza. No me las puedo quitar de dentro, están pegadas a mí, cosidas con un fino hilo fruto de la vergüenza y el orgullo. Las desprecio interiormente, aunque en el exterior simulo que todo es absurdo.
Te miro. Me miras. ¿Amnesia? ¿Olvido? ¿Perdón? ¿Exageración? No consigo atinar, pero sí consigo deshacer en pedazos una pequeña parte de mí, en parte para bien, y en parte para mal. Me enorgullezco en el fondo porque sé que ahora soy más fuerte. Me enorgullezco porque veo el camino y comprendo que ha sido largo pero útil y valioso.
Me miras. Te miro. Nada es lo mismo y me das la mano. Nada es lo mismo y te esquivo.
Quizá ahora comprenda un poco más todo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Ya basta.

Y gritaste que no te irías, lo repetiste hasta la saciedad, y aquí yaces inmóvil, en silencio, casi muerta.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Homo homini lupus

Me da miedo, mucho miedo, que seas quien eres, y me da miedo ser quien soy. Me da miedo el mundo, que se me presenta como un lobo feroz de afilados colmillos. Me asusta el narcisismo, que ayuda a que nos consumamos a nosotros mismos por dentro, y no soy capaz de determinar si conseguiremos salir airosos de esta situación que parece estar perpetuándose por demasiado tiempo ya.

Necesito algo que se encuentre fuera del absurdo de este mundo, necesito ser capaz de escuchar y no tan solo oír, necesito desmarcarme aún sabiendo que quizá sea la pieza más estereotipada de este juego de poderosos.

lunes, 10 de octubre de 2011

See Emily play.

Su imaginación volaba. Ya podía estar en clase, en el supermercado, o incluso en el dentista, que su mente no la dejaría en paz. Le costaba demasiado adaptarse al entorno y asumir que las cosas eran tal y como en verdad parecían, y por lo tanto recurría a la fantasía.
Sus delirios eran a veces tan acusados que sus familiares y amigos pensaban que había perdido definitivamente el juicio. Cuando se lo hacían saber, ella tan solo reía y seguía a lo suyo. A veces incluso ello reían con ella.
No era fácil convivir con ella, de verdad que no lo era. La chica vivía entre la verdad y la mentira, a caballo entre la depresión y el éxtasis, y rara vez mantenía una actitud equilibrada. Yo creo que en el fondo esto último era lo que deseaba, pero asumió de una vez por todas que no sería posible. Dejó de luchar, y se rindió en medio de la batalla. Desde ese día en el que perdió la esperanza, la hostilidad del mundo, de su mundo, se multiplicó por dos: ya no había reuniones familiares, sus padres comían en silencio con el ceño fruncido, sus amigos ya no la invitaban a ningún plan y, si lo hacían por mera cortesía, el plan se convertía en un trabajo tedioso y aburrido... Y ella, en consecuencia, se sentía más enferma que nunca. Se encerró en su mundo y ahí es cuando definitivamente sucumbió a la locura.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Jueves a medianoche.

Salgo a la calle un jueves a medianoche. Hace mucho frío, pero aún así hay algo en el ambiente que hace que me encuentre bien. Camino rápido, como con prisas por llegar a mi destino, aunque tampoco tengo mucha idea de adónde ir, y a pesar de ello soy capaz de analizar minuciosamente todo lo que me rodea.
De repente todo está ya repetido: Las mismas calles, el mismo cielo, las mismas estrellas y la misma luna. Los mismos escaparates oscuros, el mismo silencio haciéndose eco de sí mismo, las mismas señales de tráfico y los mismos árboles. Nada es nuevo, todo está copiado.
Veo a una pareja adulta caminar por la calle Serrano con tranquilidad. La ilusión está en sus miradas, y sé que son felices; ¿cómo no iban a serlo? Se tienen el uno al otro, jamás se abandonarían. Harían planes de futuro juntos y se cumplirían todos sus deseos, el destino lo querría así. En mi cabeza pasa una gran secuencia de imágenes y pienso para mis adentros "todo está ya repetido". Esbozo una pequeña sonrisa, y la familia numerosa que camina en la dirección contraria a la mía me observa con curiosidad. El pequeño del grupo, de unos tres años y medio, juega con la pelota, pero al mirarme la coge con sus manitas, se postra enfrente de mí y me mira ensimismado. Mi sonrisa es permanente, se ha quedado colgada de esta noche, y el pequeño se cree que me dirijo a él... Quizá de ahí su sorpresa.
Incluso con las luces apagadas la ciudad no deja de presumir, y me llama la atención porque quizá eso es lo menos bello de todo. En la noche predomina la honestidad, pero lo inamovible sigue apostando por la apariencia. Creo que en el momento no comprendo que la sinceridad con uno mismo nada tiene que ver con la honestidad frente a los demás. Ya lo comprenderé.
Al fin y al cabo todas las noches quieren ser como este jueves a medianoche, y muchas lo serán, porque la realidad se quiere abrir paso. Y al fin y al cabo... todo está repetido ya.

viernes, 16 de septiembre de 2011

¿Perdona?

El problema viene cuando la inspiración se desvanece y cuando las palabras se quedan cortas frente a todo lo que uno quiere decir. La tristeza reside en no poder vivir plenamente por tener demasiadas dudas ante todo; dudas que nublan tu cabeza haciendo que te vuelvas una maraña oscura y sin apenas vida. Tus propias ojeras están cansadas de permanecer en tu cara, tu sonrisa está harta de ser falsa, y las ilusiones son la realidad distorsionada que son conscientes de su propio engaño.

¿Qué te ha pasado, Shiloh? ¿Qué fue de ti? Te echamos de menos, a ti y a tu carácter genuino. Algún día me asomaré desde mi balcón y te veré ahí, al fondo de esa callejuela estrecha, alzando las manos al cielo y tomándote ese suspiro que debiste haberte dado tiempo atrás.


martes, 13 de septiembre de 2011

Sombras de fantasmas.


Estaba de espaldas a la pared, en silencio, intentando captar algunas de las palabras que podía ella oír venir desde el pasillo. Estaba aterrorizada, pero en cambio en su cara se dibujaba una amplia sonrisa, incluso cuando nadie podía verla. Quizá entendía que había muchas cosas más que las que ella podía percibir, mantenía esa esperanza y lo creía con todas sus fuerzas. A pesar de ello, temblaba y se sentía tremendamente frágil, como si en cualquier momento todo fuese a perder el sentido y el mundo fuese a desvanecerse, y que con ello se fuese todo lo que ella había sido hasta el momento.
Pero en realidad, ¿qué había sido? Nada. ¿Qué es ser? ¿Cómo iba a ella establecer si algo tenía un mínimo de sentido cuando el sentido ni siquiera estaba fijado? Esas ideas retumbaban en su cabeza constantemente, incluso cuando ella se prohibía pensarlo.
Debía escapar de ella misma, debía reinventarse; y esa esperanza que aún albergaba era la que tarde o temprano le daría alas para cambiar y ser.
East Side Gallery, Berlin, Julio 2010.


"Has aprendido el nombre de la libertad, y eso es algo que nunca más se olvidará"

sábado, 10 de septiembre de 2011

Prismas.


Las palabras a veces mienten.
Las palabras mienten, pero las imágenes no; las imágenes tan sólo se encargan de enfocar un prisma de la realidad, y la realidad es subjetiva.
La realidad trabaja a través del cristal.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Tóxico.


Mira alrededor y sabe que el mundo es hostil, pero sólo con él. No habla no porque no sepa usar las palabras ni porque sea comedido, no, si no porque asume que no somos merecedores de escuchar su día a día. Es original, pero no lo sabe. Es infantil, y tampoco es consciente ya que está embebido en su propia grandeza. Intenta dejarse llevar por lo racional y lo sensato, pero sus sentimientos le conducen mucho más lejos que todo eso, y en el fondo está contento con ello, no rechista.
Se somete porque le gusta, se somete porque le hace sentir alienado. La alienación supone no destacar, no representarse, y por lo tanto no darse a conocer. Si no se da a conocer no se expone, y si no se expone no deja a relucir su enorme narcisismo, narcisismo que a la vez lleva a deducir la enorme carencia afectiva, de autoestima y de personalidad que padece. Es muy débil.
Vive en la ignorancia, pero eso no significa que sea tonto; es más, es mucho más inteligente que la mayoría de nosotros, así que, ¿por qué sentir lástima?

jueves, 1 de septiembre de 2011

En un barrio gitano...

En medio de Dalt Vila recuerdo que había una serie de calles empinadas unidas entre sí de una manera un tanto curiosa y extraña. Generalmente, y a pesar de encontrarse bastante cerca de lo que se denomina zona de interés turístico, pocos peatones las transitaban. Quizás los transeúntes que paseaban por el casco histórico se sentían fuera de lugar o incomodados por lo que aquellas calles albergaban, como si pudiesen ya percibirlo desde la distancia, o quizás simplemente en su camino hacia lo alto de la ciudad aquellos pasajes no les resultaban para nada útiles como manera de avanzar hacia arriba.
Sea lo que fuere, todo ello era un mundo aparte, algo surrealista. Varias familias de gitanos se reunían en torno a la calle principal y se segregaban por sexos de manera natural: las jóvenes de corta edad se sentaban en las escaleras, dispuestas de forma irregular, mientras a voces contaban sus historias o sucesos familiares de interés mientras sostenían a sus recién nacidos en brazos; a las mujeres se las escuchaba dar órdenes desde dentro de sus humildes casas, y los maridos apostaban cantidades desorbitadas de dinero al póquer, o quizás a algún otro juego de cartas que desconozco, dada mi ignorancia con respecto a los juegos de mesa, mientras bebían una cerveza tras otra, todo esto sentados en una larga mesa situada enfrente de una de sus casas. Un poco más apartados se encontraban los niños, los cuales peleaban inocentemente por acabar en posesión de un balón que para ellos debía ser de indiscutible valor. Las niñas se limitaban a observar el panorama corriendo de un lado para otro por las empedradas calles bajo la atenta mirada de las jóvenes adolescentes.
Yo no llegaba a comprender nada. Caminaba como si verdaderamente todo aquello no me impresionase, pero la realidad era bien distinta. Un colectivo que dudo apenas sobrepasase los treinta integrantes había conseguido apoderarse y hacer de una pequeña zona del centro de Ibiza su casa, su territorio, y dudo que apenas lo hiciesen queriendo. Simplemente surgió así. Me fascinaba ver cómo desempeñaban sus tareas con tanta naturalidad, cómo se regían bajo sus propias costumbres y normas y cómo apenas se dejaban intimidar por los pocos visitantes que por allí pasaban.
Quiero creer que esa experiencia fue una manera de hacerme ver que existen muchas más cosas más allá de lo que vivo en el día a día, y que muchas veces la belleza está en lo diferente. Con esto no quiero decir que me parezca justo, ni por asomo, el modo de vida que estas personas llevan en cuanto a la designación de las tareas ni la ideología machista arraigada dentro del colectivo gitano, es simplemente una manera de analizar el modus vivendi de diferentes culturas desde otro nivel quizás más superficial o quizás más artístico, como quiera interpretarse.
La belleza se encuentra a veces en lo secreto, lo dejado o poco común.

Foto tomada en Dalt Vila en Ibiza, a comienzos de Agosto de este año.
"Vivimos entre fuerzas invisibles de las cuales sólo conocemos sus efectos. Nos movemos entre formas invisibles de las cuales no conocemos sus efectos, aunque seamos profundamente afectados por ellas"





Honestidad.

Siempre he tenido miedo a la soledad. Suena a cliché; eso de tener miedo a encontrarse uno por su cuenta sin poder aferrarse a nadie es algo que casi todo el mundo experimenta alguna vez en su vida, pero eso no significa que haya que restarle importancia. Además soy consciente de que a simple vista los demás pueden deducir justo lo contrario, que me gusta estar conmigo misma, pero nada más lejos de la realidad.
De toda la vida he necesitado de alguien más fuerte, más inteligente, o más atrevido que yo para hacer las cosas. Es como si tuviese pánico a fracasar, a no saber defenderme, a sentirme invisible o patética. Es curioso, porque ese mismo pánico hace que en la mayoría de los casos intente esconder la realidad de mis temores, y de repente me sorprendo a mí misma confesándolo a las dos menos veinte de la madrugada del uno de septiembre en un blog que cualquier ser de la faz de la tierra puede leer. Será porque a través de una pantalla todo resulta más sencillo y los escritos son la manera cobarde de defender lo valiente.
El caso es que creo que siempre he sido consciente de mi alto nivel de dependencia, pero pocas veces he intentado hacer nada al respecto, y cuando lo he hecho ha acabado generalmente en desastre. Me suele resultar más cómodo pender de la disponibilidad y de los deseos de alguien aunque a mí no me vengan verdaderamente bien, que tener que dar un paso adelante y actuar como una persona madura y adulta por mi cuenta. Algunos lo llaman timidez, otros inseguridad y otros baja autoestima, pero para mí eso son simples etiquetas que pocas veces me dicen nada. Yo lo que quiero son soluciones.
Lo sorprendente ha llegado esta tarde cuando, reflexionando, he llegado a la conclusión de que para poder estar verdaderamente bien con alguien, sea novio o novia, sea amigo, sea lo que sea, uno ha de conocerse a sí mismo primero, delimitar sus gustos y enfrentarse a sus pesadillas, y entonces es cuando he llegado a la conclusión de que lo que verdaderamente proyecta mi sombra es que tengo un miedo terrible a estar sola. Me he mirado en el espejo, me he quitado el maquillaje, he intentado mirar más allá de lo que mi cara intenta falsamente reflejar y me he sentido desamparada, sin solución.
De nuevo se me presentan las dos opciones, la fácil y la difícil. La fácil es, por supuesto, mucho más tentadora, pero la difícil es demasiado complicada como para abordarla por mi cuenta. Ahora lo que me planteo es si lo fácil y difícil en algún momento pudieran resolver sus diferencias y hacer de este dilema un asunto más sencillo de tratar.
En realidad a veces verdaderamente necesito estos momentos de honestidad para conmigo misma.


Shiloh.

viernes, 8 de julio de 2011

viernes, 24 de junio de 2011

Leah.

Leah estaba sentada en su silla. Leah no entendía de quién, cómo, cuándo ni porqué; sólo aceptaba con resignación el papel que le había tocado en este mundo, pero a su manera.
A Leah le gustaba juguetear con su pelo, no apreciaba la literatura, no concebía la idea de la compasión, aunque sí de la empatía y, aunque jamás nadie se lo preguntó y ni ella misma sabría dar una respuesta al respecto, la sociedad era para ella una jungla en la que todo el mundo se la quería comer viva.
Ahora mismo estoy observando a Leah. Sigue cómodamente sentada en su silla – una silla ordinaria, una silla corriente, nada del otro mundo – y aunque lleva una eternidad allí postrada mirándose el ombligo, parece que no tiene en mente levantarse. De vez en cuando echa una miradita alrededor con indiferencia; es como si ni siquiera intentase esforzarse por observar lo que mira porque sabe que no lo va a apreciar de ninguna manera. De algún modo puedo llegar a comprender lo que ella ve cuando levanta la mirada: el vacío. El vacío al que me refiero va variando con el tiempo y la percepción; a veces es un tipo de agujero negro que evoca en Leah la angustia y la soledad, y a veces es un vacío literal: no ve absolutamente nada. Mucho me temo que ella es más consciente de vivir este segundo tipo de vacío antes que el primero.
Puedo apreciar cómo ahora Leah se está retorciendo en su sitio y fuerza una sonrisa: Me está viendo, sabe que estoy aquí expresamente para analizarla, y eso desata en ella una serie de sensaciones y de pensamientos: Compostura, felicidad, apariencia. Aunque ella no lo sepa, éstas son sus palabras favoritas. Bueno, quizá se lo pueda imaginar.
A pesar de que sabe que estoy aquí, no lo aguanta más y pega un brinco de su asiento. Cae al suelo, se limpia el polvo y camina hacia mí. Me pregunta que qué tal estoy. Aunque sé que será en vano, la respondo. Ella deja sus ojos en blanco, me interrumpe al segundo y me dice: “Bien, ¿no? Pues yo…”
Si hay una sola palabra que jamás se dignará a aceptar que adora, esa es la palabra “yo”; y siendo más específicos y en su declinación, el “yo, me, mi, conmigo”.

domingo, 5 de junio de 2011

Eterno Retorno...

Un paquetito rojo llegó a la casa de la señorita Wordsworth. El lazo de tul que rodeaba el envoltorio ondeaba con el viento. Hacía un tiempo de perros, no cesaba la lluvia, y los rayos y los truenos se acompañaban el uno al otro consecutivamente.
A Mary no le importaba nada. Sentada en su cálido sofá, abrigada por una manta de lana, miraba la televisión, absorta en sus pensamientos. De vez en cuando echaba una mirada furtiva al teléfono, ubicado al lado del televisor, como si de un acto instintivo se tratase.
Mary llevaba casi cinco días sin salir de casa. Cinco días sentada en aquel sofá, sin ducharse, sin apenas levantarse, y cinco días alimentándose del pastel de bienvenida que la señora Shelley le había entregado el día que Mary se trasladó a aquella pequeña casa en Swanley.
A pesar de que parecía estar mentalmente ausente- y en parte lo estaba - Mary estaba sensorialmente alerta, como si fuese un acto compulsivo difícil de aparcar: Podía oír desde aquellos cinco días el goteo de uno de los grifos de la cocina que había quedado mal cerrado, acompañaba su mente el incansable tic-tac del reloj de la entrada y podía llegar a escuchar incluso, si se esforzaba mucho y dejaba a su mente divagar un poco, el viento que azotaba con violencia los árboles del jardín y los ladridos del incansable perro de la señora Shelley.
Una lágrima solitaria recorría la cara de la joven cuando ésta oyó con claridad las pisadas de un hombre que se acercaban cada vez más a la puerta de la entrada. Erguida y sin moverse apenas, esperó a que ese mismo hombre llamase a la puerta; pero no fue así. Pasados unos segundos interminables, y habiendo tomado las precauciones necesarias, Mary decidió estirar las piernas y encaminarse hacia la entrada. Cuando llegó, abrió la puerta con cierta dificultad - le costaba debido al número de cerraduras que ésta tenía - y asomó su cabeza tímidamente: no había ya nadie.
Cuando abrió por completo la puerta de su casa y se agachó para recoger lo que en el suelo había, se encontró con un sobre y un paquete de pequeño tamaño. Al abrir el sobre se encontró con una carta que decía lo siguiente:
"Un paquetito rojo llegó a la casa de la señora Wordsworth..."

jueves, 5 de mayo de 2011

La verdad.

Hoy me he encontrado un paso más cerca de la verdad. Su aspecto es tenebroso, sus ojos se encuentran vacíos, no buscan ni encuentran nada, y por tener, no tiene ni boca. Hoy la verdad se ha dignado finalmente a mirarme a la cara.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Avanzando.

En un palacio de cristal, una reina destronada anda con zapato plano para no hacer ninguna grieta, ya que si lo hace, todo su esfuerzo y dedicación se saldrá por la pequeña fisura causada; en la casa de una familia pobre, una madre sabe que el cariño no alimenta al hambriento, pero entiende que sin el amor y su sacrificio la hambruna se haría más notoria; en mi laberinto sé que soy tan frágil que me hiero a mí misma, y sé que sin conocerme ni aceptarme estaría destinada a la autodestrucción.

lunes, 2 de mayo de 2011

Como agua de mayo.

No recuerdo haber abierto el grifo, ¿podrías comprobar si acaso hay alguna fuga? ¡Porque lo único que puedo ver ahora mismo es un enorme charco en medio de la nada, y no sé qué hace ahí!

martes, 26 de abril de 2011

Alicia.

- No sabría decirte cómo es exactamente. Es como... ay, no lo sé.
- Bueno, algo podrás decirme. No habrás venido hasta aquí para nada.
- Ya...
- ¿Y bien? - la mujer miraba al sujeto con impaciencia.

El hombre miró a su alrededor con desconcierto y cierta ansiedad. La habitación en la que se encontraba, revestida de color blanco y austeramente decorada, no le hacía sentir nada mejor. Cerró los ojos un instante y contestó lo más serenamente posible:

- Todo es un laberinto. Muchas veces, sin siquiera saber cómo, entras. Eres tan estúpido que ni te planteas dar media vuelta e irte, así que te encuentras en medio de una situación que eres incapaz de controlar. A medida que pasa el tiempo, es más complicado volver al inicio, ya que ahora eres incapaz de vislumbrar el cartel de salida. Sólo te queda esperar e intentar buscar el final del laberinto, pero es imposible determinar cuándo estás más cerca de la salida, porque no la conoces. Es, en fin, desesperante.

Buenas noches.

Muchos se preguntaron desde aquel día qué sería verdad y qué no. Muchos intentaron descifrar el maldito código de la creación. Todas aquellas investigaciones, preguntas y especulaciones desembocaron en un fracaso rotundo. Todo conducía a la nada, no había causa primera, no existían las raíces ni los orígenes, y él lo sabía, pero ¿qué podía hacer? El mundo era tan cruel que para el propio sinsentido de la vida se había establecido un modo de vida antinatural que transformaba aquel nihilismo en simple infelicidad; quizá por necesidad, quizá por la ley del más fuerte.

Tras estas angustiosas reflexiones cerró el cuaderno, apagó la luz y se fue a dormir sabiendo que sus demonios seguirían allí, inamovibles, intactos.

sábado, 9 de abril de 2011

Perdido.

- ¿Estás seguro de que le has tomado bien el pulso?
- Sí, joder, Martha, no soy gilipollas. Está muerto.
Se produjo un silencio, satíricamente hablando, sepulcral. Ninguno de los dos pronunció palabra hasta pasados unos minutos. Sólo entonces Robert se atrevió a hablar:
- ¿Qué quieres que hagamos con el...? - no terminó la frase, no se sentía dispuesto.
- ¿Con el cadáver? Pues no lo sé.
- Quizá si llamásemos al padre... Puede que él sepa mejor que nosotros qué hacer.
- Sí, puede que eso sea lo mejor.
Pero no lo hicieron. Quizá ambos habían intuido que el padre hacía tiempo que había desaparecido del mapa, al igual que la madre. Cada uno había desaparecido a su manera, pero lo habían hecho.
El pobre chico, contando con tan solo siete años de vida, yacía allí, inmóvil, en el suelo. Sus ojos seguían abiertos. Su boca, también.
Martha y Robert se alejaron lentamente deseando que Robert fuese, en efecto, un gilipollas.

domingo, 3 de abril de 2011

Waiting for the worms.

"Me gusta imaginarme cosas, me hace creer que el muro que me separa de la cordura se ablanda un poco. Bueno, aunque no siempre pasa... Hay veces que, metido en mi propio mundo, soy incapaz de distinguir la realidad de la ficción, pero en el momento no es algo que me preocupe demasiado." El doctor siguió ahí, postrado frente al enfermo, sin saber qué decir. Sería mejor guardar silencio. "¿Sabe usted que tengo mujer e hijos? Bueno, evidentemente no están aquí, ahora se han ido de viaje a Finlandia. Me hubiese encantado irme con ellos, pero un hombre de negocios no tiene tiempo para esas cosas. Usted me entiende, ¿verdad que sí, caballero?" Por un segundo el doctor se apiadó de él - pobre hombre, pobre alma, pobre mundo - mas pronto recordó que no es lícito esperar a que las mentes se pudran del todo. Mandó pues a los gusanos.

Spring.


Nunca vuelvas tu mirada al pasado.


Flickr.

Os presento mi flickr: http://www.flickr.com/photos/almublanco/

martes, 25 de enero de 2011

no love.

El dolor persiste. No te haces a la idea de lo que te echo de menos. No sabría decirte si me equivoqué o no, pero algo hice mal.

martes, 11 de enero de 2011