- No sabría decirte cómo es exactamente. Es como... ay, no lo sé.
- Bueno, algo podrás decirme. No habrás venido hasta aquí para nada.
- Ya...
- ¿Y bien? - la mujer miraba al sujeto con impaciencia.
El hombre miró a su alrededor con desconcierto y cierta ansiedad. La habitación en la que se encontraba, revestida de color blanco y austeramente decorada, no le hacía sentir nada mejor. Cerró los ojos un instante y contestó lo más serenamente posible:
- Todo es un laberinto. Muchas veces, sin siquiera saber cómo, entras. Eres tan estúpido que ni te planteas dar media vuelta e irte, así que te encuentras en medio de una situación que eres incapaz de controlar. A medida que pasa el tiempo, es más complicado volver al inicio, ya que ahora eres incapaz de vislumbrar el cartel de salida. Sólo te queda esperar e intentar buscar el final del laberinto, pero es imposible determinar cuándo estás más cerca de la salida, porque no la conoces. Es, en fin, desesperante.
martes, 26 de abril de 2011
Buenas noches.
Muchos se preguntaron desde aquel día qué sería verdad y qué no. Muchos intentaron descifrar el maldito código de la creación. Todas aquellas investigaciones, preguntas y especulaciones desembocaron en un fracaso rotundo. Todo conducía a la nada, no había causa primera, no existían las raíces ni los orígenes, y él lo sabía, pero ¿qué podía hacer? El mundo era tan cruel que para el propio sinsentido de la vida se había establecido un modo de vida antinatural que transformaba aquel nihilismo en simple infelicidad; quizá por necesidad, quizá por la ley del más fuerte.
Tras estas angustiosas reflexiones cerró el cuaderno, apagó la luz y se fue a dormir sabiendo que sus demonios seguirían allí, inamovibles, intactos.
Tras estas angustiosas reflexiones cerró el cuaderno, apagó la luz y se fue a dormir sabiendo que sus demonios seguirían allí, inamovibles, intactos.
sábado, 9 de abril de 2011
Perdido.
- ¿Estás seguro de que le has tomado bien el pulso?
- Sí, joder, Martha, no soy gilipollas. Está muerto.
Se produjo un silencio, satíricamente hablando, sepulcral. Ninguno de los dos pronunció palabra hasta pasados unos minutos. Sólo entonces Robert se atrevió a hablar:
- ¿Qué quieres que hagamos con el...? - no terminó la frase, no se sentía dispuesto.
- ¿Con el cadáver? Pues no lo sé.
- Quizá si llamásemos al padre... Puede que él sepa mejor que nosotros qué hacer.
- Sí, puede que eso sea lo mejor.
Pero no lo hicieron. Quizá ambos habían intuido que el padre hacía tiempo que había desaparecido del mapa, al igual que la madre. Cada uno había desaparecido a su manera, pero lo habían hecho.
El pobre chico, contando con tan solo siete años de vida, yacía allí, inmóvil, en el suelo. Sus ojos seguían abiertos. Su boca, también.
Martha y Robert se alejaron lentamente deseando que Robert fuese, en efecto, un gilipollas.
- Sí, joder, Martha, no soy gilipollas. Está muerto.
Se produjo un silencio, satíricamente hablando, sepulcral. Ninguno de los dos pronunció palabra hasta pasados unos minutos. Sólo entonces Robert se atrevió a hablar:
- ¿Qué quieres que hagamos con el...? - no terminó la frase, no se sentía dispuesto.
- ¿Con el cadáver? Pues no lo sé.
- Quizá si llamásemos al padre... Puede que él sepa mejor que nosotros qué hacer.
- Sí, puede que eso sea lo mejor.
Pero no lo hicieron. Quizá ambos habían intuido que el padre hacía tiempo que había desaparecido del mapa, al igual que la madre. Cada uno había desaparecido a su manera, pero lo habían hecho.
El pobre chico, contando con tan solo siete años de vida, yacía allí, inmóvil, en el suelo. Sus ojos seguían abiertos. Su boca, también.
Martha y Robert se alejaron lentamente deseando que Robert fuese, en efecto, un gilipollas.
lunes, 4 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
Waiting for the worms.
"Me gusta imaginarme cosas, me hace creer que el muro que me separa de la cordura se ablanda un poco. Bueno, aunque no siempre pasa... Hay veces que, metido en mi propio mundo, soy incapaz de distinguir la realidad de la ficción, pero en el momento no es algo que me preocupe demasiado." El doctor siguió ahí, postrado frente al enfermo, sin saber qué decir. Sería mejor guardar silencio. "¿Sabe usted que tengo mujer e hijos? Bueno, evidentemente no están aquí, ahora se han ido de viaje a Finlandia. Me hubiese encantado irme con ellos, pero un hombre de negocios no tiene tiempo para esas cosas. Usted me entiende, ¿verdad que sí, caballero?" Por un segundo el doctor se apiadó de él - pobre hombre, pobre alma, pobre mundo - mas pronto recordó que no es lícito esperar a que las mentes se pudran del todo. Mandó pues a los gusanos.
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