jueves, 1 de septiembre de 2011

En un barrio gitano...

En medio de Dalt Vila recuerdo que había una serie de calles empinadas unidas entre sí de una manera un tanto curiosa y extraña. Generalmente, y a pesar de encontrarse bastante cerca de lo que se denomina zona de interés turístico, pocos peatones las transitaban. Quizás los transeúntes que paseaban por el casco histórico se sentían fuera de lugar o incomodados por lo que aquellas calles albergaban, como si pudiesen ya percibirlo desde la distancia, o quizás simplemente en su camino hacia lo alto de la ciudad aquellos pasajes no les resultaban para nada útiles como manera de avanzar hacia arriba.
Sea lo que fuere, todo ello era un mundo aparte, algo surrealista. Varias familias de gitanos se reunían en torno a la calle principal y se segregaban por sexos de manera natural: las jóvenes de corta edad se sentaban en las escaleras, dispuestas de forma irregular, mientras a voces contaban sus historias o sucesos familiares de interés mientras sostenían a sus recién nacidos en brazos; a las mujeres se las escuchaba dar órdenes desde dentro de sus humildes casas, y los maridos apostaban cantidades desorbitadas de dinero al póquer, o quizás a algún otro juego de cartas que desconozco, dada mi ignorancia con respecto a los juegos de mesa, mientras bebían una cerveza tras otra, todo esto sentados en una larga mesa situada enfrente de una de sus casas. Un poco más apartados se encontraban los niños, los cuales peleaban inocentemente por acabar en posesión de un balón que para ellos debía ser de indiscutible valor. Las niñas se limitaban a observar el panorama corriendo de un lado para otro por las empedradas calles bajo la atenta mirada de las jóvenes adolescentes.
Yo no llegaba a comprender nada. Caminaba como si verdaderamente todo aquello no me impresionase, pero la realidad era bien distinta. Un colectivo que dudo apenas sobrepasase los treinta integrantes había conseguido apoderarse y hacer de una pequeña zona del centro de Ibiza su casa, su territorio, y dudo que apenas lo hiciesen queriendo. Simplemente surgió así. Me fascinaba ver cómo desempeñaban sus tareas con tanta naturalidad, cómo se regían bajo sus propias costumbres y normas y cómo apenas se dejaban intimidar por los pocos visitantes que por allí pasaban.
Quiero creer que esa experiencia fue una manera de hacerme ver que existen muchas más cosas más allá de lo que vivo en el día a día, y que muchas veces la belleza está en lo diferente. Con esto no quiero decir que me parezca justo, ni por asomo, el modo de vida que estas personas llevan en cuanto a la designación de las tareas ni la ideología machista arraigada dentro del colectivo gitano, es simplemente una manera de analizar el modus vivendi de diferentes culturas desde otro nivel quizás más superficial o quizás más artístico, como quiera interpretarse.
La belleza se encuentra a veces en lo secreto, lo dejado o poco común.

Foto tomada en Dalt Vila en Ibiza, a comienzos de Agosto de este año.
"Vivimos entre fuerzas invisibles de las cuales sólo conocemos sus efectos. Nos movemos entre formas invisibles de las cuales no conocemos sus efectos, aunque seamos profundamente afectados por ellas"





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