viernes, 18 de noviembre de 2011

Aprender a equivocarse.

Sus palabras retumban en mi cabeza con fuerza. No me las puedo quitar de dentro, están pegadas a mí, cosidas con un fino hilo fruto de la vergüenza y el orgullo. Las desprecio interiormente, aunque en el exterior simulo que todo es absurdo.
Te miro. Me miras. ¿Amnesia? ¿Olvido? ¿Perdón? ¿Exageración? No consigo atinar, pero sí consigo deshacer en pedazos una pequeña parte de mí, en parte para bien, y en parte para mal. Me enorgullezco en el fondo porque sé que ahora soy más fuerte. Me enorgullezco porque veo el camino y comprendo que ha sido largo pero útil y valioso.
Me miras. Te miro. Nada es lo mismo y me das la mano. Nada es lo mismo y te esquivo.
Quizá ahora comprenda un poco más todo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Ya basta.

Y gritaste que no te irías, lo repetiste hasta la saciedad, y aquí yaces inmóvil, en silencio, casi muerta.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Homo homini lupus

Me da miedo, mucho miedo, que seas quien eres, y me da miedo ser quien soy. Me da miedo el mundo, que se me presenta como un lobo feroz de afilados colmillos. Me asusta el narcisismo, que ayuda a que nos consumamos a nosotros mismos por dentro, y no soy capaz de determinar si conseguiremos salir airosos de esta situación que parece estar perpetuándose por demasiado tiempo ya.

Necesito algo que se encuentre fuera del absurdo de este mundo, necesito ser capaz de escuchar y no tan solo oír, necesito desmarcarme aún sabiendo que quizá sea la pieza más estereotipada de este juego de poderosos.