Reinventarse o morir.
No quiero ser la canción que suena una y otra vez porque se ha quedado rayada y que nadie se molesta en cambiar por formar parte de un escenario secundario carente de importancia. No quiero ser esa prenda vieja que está ya descolorida y deshilachada, abandonada en el fondo del armario. Quiero ser tu historia favorita, aquella que tiene principio y de la cual anhelas no llegar nunca al final. Deseo ser ese recuerdo que jamás se olvida o se oxida por mucho que pase el tiempo. Quiero ser siempre tuya.
domingo, 22 de julio de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Espejismos.
Finalmente me enfrenté a la realidad. Estaba perdida.
Me encontraba en un paradero desconocido donde mis pensamientos eran mi única compañía, y la verdad es que aquella idea no me consolaba demasiado. Intenté gritar pero sentía que me ahogaba y que tenía un nudo en la garganta que apenas me dejaba pronunciar palabra.
Sólo me quedaba caminar en busca de ayuda, y de un modo bastante optimista aquello hice. No quería morir en el intento, pero algo me decía que era mejor esforzarse por intentar encontrar la salvación que dejarse morir en medio de la nada, que al fin y al cabo era la peor forma de morir. Yo no quería convertirme en aquella nada, no quería ser un elemento más en el paisaje.
Pasadas dos horas que, puestos a ser sinceros, parecieron dos meses, caí en la cuenta de que había trazado con mis pisadas varios círculos concéntricos de pequeño diámetro alrededor de mi punto de partida. Todo había sido inútil, había gastado toda mi energía en algo inservible. Ya nada merecía la pena.
Una vez en aquella situación de la que no creía poder escapar me di cuenta de que, a pesar de ello, seguía teniendo ganas de luchar. ¿Cómo acabaría todo esto? No tenía ni la más remota idea, pero no dejaría de pelear.
Me encontraba en un paradero desconocido donde mis pensamientos eran mi única compañía, y la verdad es que aquella idea no me consolaba demasiado. Intenté gritar pero sentía que me ahogaba y que tenía un nudo en la garganta que apenas me dejaba pronunciar palabra.
Sólo me quedaba caminar en busca de ayuda, y de un modo bastante optimista aquello hice. No quería morir en el intento, pero algo me decía que era mejor esforzarse por intentar encontrar la salvación que dejarse morir en medio de la nada, que al fin y al cabo era la peor forma de morir. Yo no quería convertirme en aquella nada, no quería ser un elemento más en el paisaje.
Pasadas dos horas que, puestos a ser sinceros, parecieron dos meses, caí en la cuenta de que había trazado con mis pisadas varios círculos concéntricos de pequeño diámetro alrededor de mi punto de partida. Todo había sido inútil, había gastado toda mi energía en algo inservible. Ya nada merecía la pena.
Una vez en aquella situación de la que no creía poder escapar me di cuenta de que, a pesar de ello, seguía teniendo ganas de luchar. ¿Cómo acabaría todo esto? No tenía ni la más remota idea, pero no dejaría de pelear.
martes, 20 de marzo de 2012
Yo ahora duermo.
Me siento viva tan sólo cuando el resto duerme en compañía, es entonces cuando me encuentro. Durante el día elevamos instintivamente el nivel de la voz, de la música, y de nuestra fortaleza interior porque la sociedad es invasiva y no podemos no estar al acecho constantemente. Nos sentimos atacados y aún así vivimos en la ilusión de que no es así.
Hace ya un tiempo me planteo si quedarse solo es una buena opción para estar tranquilo y en armonía con la vida. En la sociedad es inevitable no pudrirse, la voluntad de uno sirve de poco. ¿Es la solución la ataraxia, la resignación? Para algunos lo es, pero tengo claro que para mí no.
Supongo que también jugará un papel importante el tipo de personas de las que te rodees y tus expectativas con respecto a los demás. Creo con la mano en el corazón que todos pecamos de ilusos en este último punto. Me cuesta creer de verdad que haya tantísima gente que espere tanto de los demás y que sean incapaces de mirar en su interior y darse cuenta de que, en el fondo, no obtienen ese afecto o esa empatía de la que se creen merecedores porque en realidad no están en su derecho, porque en el fondo se están ahogando en su propio egocentrismo.
Supongo que la conclusión es que no esperes de los demás lo que en tu corazón sientes que debes esperar - los sentimientos y la autopercepción y autoconcepto engañan, en serio - si no que mantengas tus expectativas en un nivel realista basado en la experiencia. Esa empatía hay que ganársela, no puedes esperarla de cualquiera. Y sobre todo recuerda por encima de todas las cosas que al final sólo te tienes a ti mismo. Todos tenemos un pequeño ególatra en nuestro interior.
Hace ya un tiempo me planteo si quedarse solo es una buena opción para estar tranquilo y en armonía con la vida. En la sociedad es inevitable no pudrirse, la voluntad de uno sirve de poco. ¿Es la solución la ataraxia, la resignación? Para algunos lo es, pero tengo claro que para mí no.
Supongo que también jugará un papel importante el tipo de personas de las que te rodees y tus expectativas con respecto a los demás. Creo con la mano en el corazón que todos pecamos de ilusos en este último punto. Me cuesta creer de verdad que haya tantísima gente que espere tanto de los demás y que sean incapaces de mirar en su interior y darse cuenta de que, en el fondo, no obtienen ese afecto o esa empatía de la que se creen merecedores porque en realidad no están en su derecho, porque en el fondo se están ahogando en su propio egocentrismo.
Supongo que la conclusión es que no esperes de los demás lo que en tu corazón sientes que debes esperar - los sentimientos y la autopercepción y autoconcepto engañan, en serio - si no que mantengas tus expectativas en un nivel realista basado en la experiencia. Esa empatía hay que ganársela, no puedes esperarla de cualquiera. Y sobre todo recuerda por encima de todas las cosas que al final sólo te tienes a ti mismo. Todos tenemos un pequeño ególatra en nuestro interior.
lunes, 19 de marzo de 2012
Pensamientos desordenados.
No hay mayor desgracia que sentirse solo al no encontrarse. La soledad no es soledad sin la carencia de uno mismo.
Todas las señales se centran en un mismo objetivo que en mi mente se va haciendo cada vez más lúcido. Ya no hay rencor, no hay prejuicios, sólo me encuentro ante la realidad de mi ser. Cada vez que siento los pies mojados de la dependencia aplastándome y ahogándome no puedo sino rendirme ante ese poder inmenso que acaba con mi voluntad.
Soy una máquina trabajando bajo las herramientas del drama; intento satisfacer a un impostor. La vida es más agradable si sabes levantarte cuando toca.
Todas las señales se centran en un mismo objetivo que en mi mente se va haciendo cada vez más lúcido. Ya no hay rencor, no hay prejuicios, sólo me encuentro ante la realidad de mi ser. Cada vez que siento los pies mojados de la dependencia aplastándome y ahogándome no puedo sino rendirme ante ese poder inmenso que acaba con mi voluntad.
Soy una máquina trabajando bajo las herramientas del drama; intento satisfacer a un impostor. La vida es más agradable si sabes levantarte cuando toca.
domingo, 4 de marzo de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Honestidad pt. IV
Se tumbó en el césped mojado de la facultad y sumida en una situación de profundo silencio se dedicó a observar las estrellas. En ese momento sólo estaban sus pensamientos, su circunstancia y ella.
Una sucesión de recuerdos se volvieron lúcidos en su memoria. Algunos de esos recuerdos eran agradables y otros no tanto; pero absolutamente todos le llegaron al alma.
¿Cambiaría aquel momento por cualquier otra cosa? Desde luego que no. Le había costado mucho tiempo asimilar que aquel camino habría de recorrerlo sola, y ahora que lo había comprendido se sentía viva y llena. En el fondo había aprendido a despojarse de la idea de necesitar a los demás para ser ella misma. Ella no era como los demás y los demás no eran como ella. No necesitaba la falsa honestidad de nadie, aunque al principio le costase demasiado aceptarlo.
¿Le quedaba, a pesar de todo, alguna otra opción? En efecto. Podía someterse. Aquello por experiencia sabía que le resultaría a corto plazo gratificante, y que le fustigaría con el tiempo; y por ello no lo haría, no volvería a pisar aquellas vías. ¿Por qué? Porque se apreciaba lo suficiente como para sacar la fuerza de ningún lado y ser fiel a sus principios.
¿En algún momento o en algún lugar llegaría a confiar y a amar de nuevo? Por supuesto. Jamás había dejado de amar, y jamás lo haría. El mundo tenía, paradójicamente, demasiado que ofrecerle.
Una sucesión de recuerdos se volvieron lúcidos en su memoria. Algunos de esos recuerdos eran agradables y otros no tanto; pero absolutamente todos le llegaron al alma.
¿Cambiaría aquel momento por cualquier otra cosa? Desde luego que no. Le había costado mucho tiempo asimilar que aquel camino habría de recorrerlo sola, y ahora que lo había comprendido se sentía viva y llena. En el fondo había aprendido a despojarse de la idea de necesitar a los demás para ser ella misma. Ella no era como los demás y los demás no eran como ella. No necesitaba la falsa honestidad de nadie, aunque al principio le costase demasiado aceptarlo.
¿Le quedaba, a pesar de todo, alguna otra opción? En efecto. Podía someterse. Aquello por experiencia sabía que le resultaría a corto plazo gratificante, y que le fustigaría con el tiempo; y por ello no lo haría, no volvería a pisar aquellas vías. ¿Por qué? Porque se apreciaba lo suficiente como para sacar la fuerza de ningún lado y ser fiel a sus principios.
¿En algún momento o en algún lugar llegaría a confiar y a amar de nuevo? Por supuesto. Jamás había dejado de amar, y jamás lo haría. El mundo tenía, paradójicamente, demasiado que ofrecerle.
martes, 31 de enero de 2012
Hermetico.
Mi mente va tres mil veces más rápido que mis actos, mi alma grita y suplica vivir. Yo, en el fondo, sé que sonrío. Quiero ser, quiero perderme y, quizás, jamás llegar a encontrarme. Quiero vivir.
viernes, 27 de enero de 2012
jueves, 12 de enero de 2012
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