Un paquetito rojo llegó a la casa de la señorita Wordsworth. El lazo de tul que rodeaba el envoltorio ondeaba con el viento. Hacía un tiempo de perros, no cesaba la lluvia, y los rayos y los truenos se acompañaban el uno al otro consecutivamente.
A Mary no le importaba nada. Sentada en su cálido sofá, abrigada por una manta de lana, miraba la televisión, absorta en sus pensamientos. De vez en cuando echaba una mirada furtiva al teléfono, ubicado al lado del televisor, como si de un acto instintivo se tratase.
Mary llevaba casi cinco días sin salir de casa. Cinco días sentada en aquel sofá, sin ducharse, sin apenas levantarse, y cinco días alimentándose del pastel de bienvenida que la señora Shelley le había entregado el día que Mary se trasladó a aquella pequeña casa en Swanley.
A pesar de que parecía estar mentalmente ausente- y en parte lo estaba - Mary estaba sensorialmente alerta, como si fuese un acto compulsivo difícil de aparcar: Podía oír desde aquellos cinco días el goteo de uno de los grifos de la cocina que había quedado mal cerrado, acompañaba su mente el incansable tic-tac del reloj de la entrada y podía llegar a escuchar incluso, si se esforzaba mucho y dejaba a su mente divagar un poco, el viento que azotaba con violencia los árboles del jardín y los ladridos del incansable perro de la señora Shelley.
Una lágrima solitaria recorría la cara de la joven cuando ésta oyó con claridad las pisadas de un hombre que se acercaban cada vez más a la puerta de la entrada. Erguida y sin moverse apenas, esperó a que ese mismo hombre llamase a la puerta; pero no fue así. Pasados unos segundos interminables, y habiendo tomado las precauciones necesarias, Mary decidió estirar las piernas y encaminarse hacia la entrada. Cuando llegó, abrió la puerta con cierta dificultad - le costaba debido al número de cerraduras que ésta tenía - y asomó su cabeza tímidamente: no había ya nadie.
Cuando abrió por completo la puerta de su casa y se agachó para recoger lo que en el suelo había, se encontró con un sobre y un paquete de pequeño tamaño. Al abrir el sobre se encontró con una carta que decía lo siguiente:
"Un paquetito rojo llegó a la casa de la señora Wordsworth..."
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