lunes, 10 de octubre de 2011

See Emily play.

Su imaginación volaba. Ya podía estar en clase, en el supermercado, o incluso en el dentista, que su mente no la dejaría en paz. Le costaba demasiado adaptarse al entorno y asumir que las cosas eran tal y como en verdad parecían, y por lo tanto recurría a la fantasía.
Sus delirios eran a veces tan acusados que sus familiares y amigos pensaban que había perdido definitivamente el juicio. Cuando se lo hacían saber, ella tan solo reía y seguía a lo suyo. A veces incluso ello reían con ella.
No era fácil convivir con ella, de verdad que no lo era. La chica vivía entre la verdad y la mentira, a caballo entre la depresión y el éxtasis, y rara vez mantenía una actitud equilibrada. Yo creo que en el fondo esto último era lo que deseaba, pero asumió de una vez por todas que no sería posible. Dejó de luchar, y se rindió en medio de la batalla. Desde ese día en el que perdió la esperanza, la hostilidad del mundo, de su mundo, se multiplicó por dos: ya no había reuniones familiares, sus padres comían en silencio con el ceño fruncido, sus amigos ya no la invitaban a ningún plan y, si lo hacían por mera cortesía, el plan se convertía en un trabajo tedioso y aburrido... Y ella, en consecuencia, se sentía más enferma que nunca. Se encerró en su mundo y ahí es cuando definitivamente sucumbió a la locura.