lunes, 5 de septiembre de 2011

Tóxico.


Mira alrededor y sabe que el mundo es hostil, pero sólo con él. No habla no porque no sepa usar las palabras ni porque sea comedido, no, si no porque asume que no somos merecedores de escuchar su día a día. Es original, pero no lo sabe. Es infantil, y tampoco es consciente ya que está embebido en su propia grandeza. Intenta dejarse llevar por lo racional y lo sensato, pero sus sentimientos le conducen mucho más lejos que todo eso, y en el fondo está contento con ello, no rechista.
Se somete porque le gusta, se somete porque le hace sentir alienado. La alienación supone no destacar, no representarse, y por lo tanto no darse a conocer. Si no se da a conocer no se expone, y si no se expone no deja a relucir su enorme narcisismo, narcisismo que a la vez lleva a deducir la enorme carencia afectiva, de autoestima y de personalidad que padece. Es muy débil.
Vive en la ignorancia, pero eso no significa que sea tonto; es más, es mucho más inteligente que la mayoría de nosotros, así que, ¿por qué sentir lástima?

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