domingo, 28 de febrero de 2010

Chica poeta.

Ella era una chica poeta, hablaba de la vida, de lo triste que son los miedos y de lo poco que sabía.
Ella temía todo, y no paraba de recordarse una frase: ¿te imaginas un mundo sin preguntas hipotéticas?
Hacía demasiado que no se encontraba así de mal.

Is this love? Crossroads, chapter III

Se levantó a eso de las tres de la tarde, y aún así seguía teniendo sueño. Lo primero que hizo fue intentar recordar qué había sucedido aquella noche, y poco a poco todo le vino a la mente. ¿Para qué había hecho el esfuerzo de volver a pensar en ello? Mejor hubiera sido olvidarse, como si nada hubiese existido. Todo había sido demasiado extraño: ¿Qué pintaba de repente Joel a las tantas de la madrugada en plaza de España, y por qué narices Krahe tocaba en la Heineken, si él siempre acostumbra a tocar en la sala Galileo Galilei? Son cosas en las que uno no repara hasta que está bien descansado.
Se encaminó hacia la cocina, a ver si había algo de comer, y cogió unas cuantas galletas y se volvió de nuevo a su madriguera. Lo cierto es que su madre siempre decía que su cuarto era un cuchitril oscuro y que entendía que se deprimiese tan sólo con el hecho de encontrarse en él encerrada, pero aún así era como si Shiloh tuviese una adicción con su habitación. Le hacía sentirse fatal, pero aún así no podía salir de él.
Al cabo de un tiempo, recibió una llamada en el móvil. Era Joel. "¿Qué querrá este ahora?", se preguntó, y contestó al teléfono:
- ¿Diga?
- Hola, Shiloh. ¿Dónde estás?- preguntó, preocupado.
- En mi casa, ¿Por qué?
- No, por nada... Es que ayer todo sucedió de una manera verdaderamente extraña, y siento mucho haber armado tanto follón y haber discutido...- Esperó una respuesta por parte de Shiloh que no obtuvo, así que continuó hablando- Además, no te he visto por el colegio y tenía miedo de que te hubiese pasado cualquier cosa. ¿Puedo ir a verte a casa?
No sabía bien porqué, pero esa reacción jamás se la hubiera esperado de Joel. Un escalofrío recorrió toda su espalda y sintió un hormigueo en el estómago, algo que hacía demasiado tiempo que no sentía. ¿No se estaría enamorando de él? Otra vez la duda, el vértigo, la incertidumbre. Esto no podía ser verdad, no podía enamorarse de él, arruinaría todo: Se volvería loca por él, él la rechazaría, ella haría como si todo hubiese sido o bien un sueño o una broma e intentaría restaurar la relación, pero ya sería demsiado tarde. Todo el mundo se enteraría, la darían de lado y se reirían de ella o la etiquetarían de enamoradiza.
Entre todos estos pensamientos que pasaban por su mente, Joel seguía esperando una contestación por parte de Shiloh, y cuando ésta al fin se dio cuenta, no tuvo apenas tiempo para elaborar una respuesta, siendo un seco "no, tengo que hacer cosas, lo siento", lo primero que le salió de la boca. Acto seguido, colgó sin decir siquiera adiós.
A Shiloh le aterrorizaba el amor, quizás porque le recordaba de manera exacerbada a la declaración de amor que hacía apenas dos meses le había hecho Laila, y que ella rechazó automáticamente y de manera fría. Todavía recordaba ese día como si hubiera sido ayer: Todo transcurría de manera normal, se estaban preparando para ir a la biblioteca del colegio a eso de las cinco y ella, con sus mejillas sonrojadas, se le acercó. Shiloh se le quedó mirando, y ella, tímidamente, le preguntó si podrían salir un momento al patio a hablar. Esto no sorprendió a Shiloh en un principio, pero cuando vio que Laila comenzaba a morderse las uñas con ansiedad mientras se dirigían al patio, ella comenzó a sospechar que algo malo sucedía. Inocentemente, ella le preguntó:
- ¿No te habrás quedado embarazada, no?
Laila, a pesar de su nerviosismo, se echó a reír a carcajadas, la miró fijamente a los ojos y le respondió con un "no" rotundo. Tras ello acercó su cara rápidamente hacia la suya en un intento de besarla, pero Shiloh se quitó rápidamente y, desconcertada, saltó del banco en el que estaban ya sentadas.
- ¿Pero qué estás haciendo?- Parecía enfadada, pero en realidad lo que sentía era una profunda incertidumbre.
- Lo siento, no sé porqué lo he hecho... Debería haberme esperado a contarte todo, pero es que te quiero tanto...
Por un momento Shiloh pensaba que Laila había perdido definitivamente el juicio, y no por ser lesbiana, sino por de repente intentar besarla sin decirla nada, y además sin saber su tendencia homosexual de antemano. En realidad la propia Shiloh tenía tendencias bisexuales, algo que no solía comentar a los demás, pero que tampoco intentaba esconder.
- A ver, Laila, explícame todo esto, porque de verdad que no me entero de nada... ¿Cómo que me quieres tanto? Querrás decir como amiga, ¿no?
- No, tía... Me gustas, yo qué sé. Creo que me he enamorado de ti, y te lo digo en serio.
Se produjo el silencio más incómodo que jamás había experimentado Shiloh en su vida y, en un intento de dejar todo el acontecimiento en una anécdota, riéndose, exclamó:
- ¡Ah, ya lo entiendo todo! ¿Es una broma, no? Ja ja ja
- No.- contestó seriamente Laila- Mira, debería no haberte dicho nada, sabía que no tendría que haber contado nada, pero fui tan imbécil que me dejé llevar por todo lo que dijo Joel...
- ¿Qué? ¿Qué te dijo Joel? ¿De verdad estás... enamorada de mí?
- Nada, Shiloh, simplemente me animó a desahogarme, pero comprendo que no sientas lo mismo...- Se levantó del banco y comenzó a andar hacia la biblioteca sin mediar palabra con Shiloh. Ésta, completamente cohibida, se alejó de ella y se encaminó hacia la biblioteca también. A pesar de que Shiloh no hubo contestado un "no" como tal, las cosas habían quedado claras, y esto a Laila le pasaría factura en pocos meses.
Tras aquel suceso, no quería pensar en el amor, y la verdad, tampoco quería hablar sobre la amistad. Su mejor amiga se había enamorado de ella, y lo peor, había arruinado la relación. Ya no sabía en quién confiar, no tenía ni idea de quién estaba enamorada de ella y quién simplemente había sido su amiga, y por eso no quería sentir nada de nada por Joel, porque se repetiría la escena de Laila pero a la inversa, y verdaderamente lo odiaría.
Pasaban los minutos, y ella estaba muy aburrida y triste, la incertidumbre y las sensaciones extrañas se habían apoderado de ella. Quería saber de Joel, quería abrazarlo y preguntarle porqué se había preocupado tanto por ella, qué sentía él hacia ella... había tantas cosas que decir que, finalmente, Shiloh cogió el teléfono y, sin pensarlo, marcó el número de Joel. Él la contestó en seguida:
- ¿Has cambiado de opinión?
¿Le había leído la mente?
- Hombre, si pudieras pasarte por casa a eso de las seis me parecería genial. Tengo muchas cosas de las que hablar y desahogarme...
- Perfecto, a las seis estoy ahí. ¿Habrá alguien?
- No, sólo tengo que estar un poco pendiente de mi hermana, pero hasta las nueve y media no llegan mis padres a casa.- ¿Por qué habría preguntado eso Joel? Otra vez la sensación de angustia y cosquilleo, y ¿Por qué narices no se le habría ocurrido a Shiloh preguntarlo en voz alta? Cosas suyas.
- Genial, te veo en tu casa a las seis entonces. Un beso.
- Adiós.
¿Acababa Joel de decir 'un beso'? ¿Estaban sus amigos bien últimamente? Todo parecía tan raro que, además de encontrarse mal, se estaba temiendo que Joel también estuviese sintiendo algo por ella.
Así es la vida, que da círculos constantemente y nos llevamos las mismas ilusiones, dudas e incertidumbres.


Life is difficult, my friend.|| CROSSROADS

De nuevo se encontró sola sentada en el césped. Dejó que su mente vagara un poco por su mundo imaginario: se veía en casa, cenando en el comedor con toda su familia contando anécdotas sin sentido mientras su padre y ella miraban la lluvia caer. Su padre entonces se levantaba de la mesa con una sonrisa en la cara y se iba a su despacho, dispuesto a tocar un par de canciones con la guitarra. Él tocaba, ella cantaba y... un goterón enorme cayó sobre su pelo. Se levantó, enfadada con el mundo, y comenzó a andar hacia Moncloa. Pasó por la sala Heineken y, fugazmente, pudo ver a Javier Krahe saliendo por la puerta principal con todo un séquito de admiradores; pero a él no le importaba, o eso parecía. Iba andando tranquilamente con un porro en la mano. Apestaba a marihuana, y Shiloh odiaba ese olor, así que, sin pararse siquiera a contemplar la posibilidad de acercarse a hablar con Krahe, continuó caminando. Aparte de la gente que se encontraba alrededor de la sala, la calle Princesa estaba desierta: El Corte Inglés estaba cerrado, en la Iglesia no había un solo alma y las callejuelas no le inspiraban mucha confianza. Sacó un cigarrillo de su cajetilla, lo encendió y se dio cuenta de porqué el tabaco había sido su fiel compañero durante este último año: A pesar de depender de él, éste siempre sabía igual, siempre la relajaba y era una amistad que, aunque peligrosa, le prometía acercarse cada vez más a una muerte prematura. Shiloh no quería seguir viviendo, aunque pareciese lo contrario: Tenía una familia estupenda, una casa llena de cosas con las que divertirse y algún que otro amigo, pero aún así se encontraba demasiado mal como para sonreír. Se consumió el cigarrillo y ella volvió a quedarse sola. Tenía muchísimo sueño y la lluvia parecía amainar, pero no quería dormirse, así que continuó su camino y, sin darse cuenta, acabó en su barrio. Su casa estaba a unos pocos metros, y por unos segundos se quedó pensando si debería subir a casa o seguir con aquella tortura. La verdad es que estaba comenzando a estornudar y estaba amaneciendo; además se moría del sueño, con lo cual, llave en mano, abrió la puerta del portal de su casa. Mientras llamaba al ascensor escuchó unos leves silbidos que provenían del sótano: Sería el portero (¿Qué tienen los porteros y sus manías de silbar como si la vida fuera estupenda?) que, a las seis y media de la mañana, ya estaba en pie, como siempre. Abrió la puerta del ascensor, presionó el botón del piso y cerró los ojos mientras subía. Estaba ya en el estado de duermevela cuando el ascensor llegó al sexto. Shiloh salió y, sin hacer mucho ruido, abrió la puerta principal. Madre mía, cómo sonaba la cerradura.
Al entrar en casa escuchó unas pisadas provenientes del dormitorio de sus padres dirigiéndose hacia el hall, y Shiloh tuvo que hacer verdaderas maniobras para evitar que la descubriesen. Corrió, haciendo el menor ruido posible, hacia su cuarto y, una vez allí, cerró sigilosamente la puerta. Tras ello, deshizo la cama y apresuró a meterse, con toda la ropa empapada y los zapatos sucios, dentro de ella. Segundos después escuchó cómo su puerta se abría y su padre se acercaba hacia ella. Éste no tardó mucho en percatarse de que su hija estaba empapada, que apestaba a tabaco y que, además, no estaba dormida, ni mucho menos.
- ¿Pero se puede saber dónde has estado?- le gritó.
- Ay, papá, déjame...- le replicó Shiloh.
- ¿Cómo quieres que te deje si estás calada hasta los huesos? La policía no es tonta, sé que acabas de llegar.
- ¿No te lo puedo contar otro día?- dijo, dándose la vuelta, mirando hacia la pared.
Su padre se quedó callado. Inspiró profundamente varias veces hasta que, con voz suave, le preguntó:
- ¿Qué te pasa últimamente, Shiloh? De verdad, soy incapaz de comprender nada. ¿Te has escapado esta noche? ¿Has ido de fiesta?
- Ojalá- se limitó a responder. Poco tiempo después se incorporó de la cama, se quitó los zapatos y calcetines y se sentó al lado de su padre que, acto seguido, le acarició la cabeza, sabiendo lo que sucedía.
- Ay, Shiloh, de verdad... Algún día te sonreirá la vida, te lo prometo, sólo tienes que tomar la determinación de cambiarla.
Ella comenzó a llorar silenciosamente y se apoyó en su padre.
- Por mucho que intento que las cosas cambien, siempre hay circunstancias externas a mí que no puedo controlar y que, perdona la expresión, me joden la vida, papá. - las lágrimas caían por su cara, pero ella quería hacerlo, quería llorar, porque siempre que lo hacía se sentía mejor.
Y así se quedó, toda una hora entera con su padre al lado, llorando.

PD: Para aquellos impacientes que quieren que suceda algo interesante, sólo diré una cosa: Tranquilidad... :)

lunes, 22 de febrero de 2010

Love and its fears...

Los miedos se convierten en una espesa humareda que sobrevive a base de las mentes débiles y los corazones intranquilos. Observa al amor en las esquinas, y a la pasión en las plazas; atiende a la arena de la playa, mantente al margen de las habitaciones de hotel, y reflexiona. ¿Qué es lo que quieres, cómo lo buscas? ¿te consideras precavido o paciente? ¿vas a darlo todo por el otro o prefieres distanciarte de él? El amor es así de complicado, algún día quizá alguien le pille el truquillo...

Love.

viernes, 19 de febrero de 2010

Misteriosament feliç.


Porque soy de las pocas personas que conozco a las que les apasiona el catalán, y porque este poema me deja absolutamente sin aliento.

MISTERIOSAMENTE FELIÇ, DE JOAN MARGARIT.

Mentre estic escoltant-la, cau la pluja.
Penso en el gos que, solitari, anava
rere el taüt de Mozart: puc seguir-lo
alhora en els compassos del piano
i en els camins que fa l'aigua en els vidres.
Misteriosament feliç, segueixo un gos
fet de música i de pluja.

TRADUCCIÓN:

MISTERIOSAMENTE FELIZ

La escucho y cae la lluvia,
y pienso en aquel perro solitario
que iba detras del ataúd de Mozart.
Le sigo en los compases de este piano
y en los caminos que dibuja el agua
al irse deslizanado en los cristales.
Voy, misteriosamente feliz, siguiendo a un perro
hecho a la vez de música y de lluvia.

jueves, 18 de febrero de 2010

¡Oh! ¡Qué bonito! Por cierto... ¿Qué significa?

En el rosal donde las espinas ya no pinchan porque no tienen a quién dañar,
en el campo de girasoles que mueven el tallo y no saben hacia dónde mirar,
en el banco vacío de las esperanzas e ilusiones, de los amores y pasiones,
de las miradas y las sonrisas, del atentado contra la paz, te espero y me alejo a la vez.


domingo, 14 de febrero de 2010

Mi asidero personal.

La propia vida te pone trampas. Las propias artimañas que utilizamos se vuelven hacia nosotros como un boomerang. Es triste en muchas ocasiones, pero así es. Muchas veces sientes que no tienes una concha con la que protegerte, no tienes un asidero, un refugio, y si lo tienes, se va desmoronando poco a poco. En realidad, estoy comenzando a plantearme si de verdad existe ese asidero que todos buscamos en algún momento de nuestra vida, pero verdaderamente no lo creo. No creo que podamos tener un escudo constante que nos recupere de nuestros males, ni siquiera la religión, esa falsa promesa que más que aliviarnos, nos ata más. Sólo creo en el ser humano, en su afán de superación y en su fuerza de voluntad aunque, aún así, nos autodestrozamos sin darnos cuenta, y eso nos duele. Homo homini lupus. Nos aliviamos con unas cosas, nos destruimos a la vez con ellas. Es todo un círculo vicioso, pero aún así me veo forzada a creer en el ser humano, en uno mismo, que al fin y al cabo tenemos la potestad para concedernos la libertad, aunque la mayoría de las veces nos la quitemos.
Es en lo único en lo que puedo creer ahora mismo, es mi asidero, el ser humano.

jueves, 11 de febrero de 2010

Primer flashback.

Primer flashback: Dos mil al dos mil cuatro.

Ella tenía tan sólo seis años, pero los suficientes como para tener conciencia de lo que sucedía a su alrededor. Se encerraba en el enorme comedor de su casa para jugar a que era la princesa, y que el príncipe nunca aparecía hasta el último momento en el que ella estaba a punto de morir, y la besaba. Intentaba emular el beso, pero como ella nunca había besado a nadie, y menos a un niño, los besos contra los muñecos nunca salían del todo bien, eran algo extraños. Su tendencia sentimental siempre fue romántica pero dramática, y a ella le gustaban las cosas tal y como estaban. En ese momento se declaraba feliz. Lo era, verdaderamente.
Esas calurosas tardes de julio en las que sus padres trabajaban lo impensable para poder pagar todo aquello que Shiloh todavía, a su corta edad, no podía apreciar del todo, las pasaba con un par de amigas en el parque. Eran unicornios, eran empresarias, eran cajeras, anunciantes, lo eran todo, pero en un determinado momento algo cambió en ella. La vida no era algo que se debiera tomar a la ligera, y siempre había cosas nuevas que aprender. No quería quedarse atrás, ni mucho menos, ella tenía que estar siempre un paso por delante de los demás, y cuando cometía un error, no se lo permitía a sí misma, pero en cambio se lo permitía a los demás; permitía que la corrigiesen, pero en su interior se insultaba a sí misma por los errores cometidos, se sentía humillada y decepcionada consigo misma. Quizá por eso desarrolló ese tremendo miedo a no controlar las situaciones, pero hay tantas incógnitas que faltan por despejar...
Ella, no se sabía bien porqué, tenía un complejo distinto a los que tienen los niños de su edad, de tan temprana edad. Ella no se creía normal, y cada vez que intentaba serlo, algo salía mal que la frustraba. ¿Por qué lo guardaba todo dentro? No tenía ni idea. Ella no era capaz de asociarlo con nada, pero más tarde comprendió que el miedo y la responsabilidad son capaces de tragarse la vida entera de una persona y alterarla por completo.
La imaginación, a pesar de todo, volaba. El único ambiente en el que ella disfrutaba era en el campo de la imaginación. ¿Por qué? Porque quizá había nacido con aquel don, el de la fantasía, y además el hecho de ser difícilmente superable por sus compañeros en aquel campo le hacía más feliz que ninguna otra cosa en el mundo. ¿Qué paso en todas las ocasiones en las que ella intentó compartir la ilusión y fantasía con los demás? Que siempre hubo alguien que le paró los pies, la tomó por problemática y la tachó de peligrosa. De manera indirecta, pero así fue.
Esos años que comenzaron prometiendo mucho acabaron en una infancia algo depresiva. Fue en aquel momento en el que decidió escoltarse en el humor y la risa. Ahí nadie la pillaría.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Discusión y sentimientos desordenados.

De repente, la expresión de Shiloh cambió radicalmente. Estaba nerviosa, arrancaba la hierba del suelo y se giró completamente para estar cara a cara con Joel. Acto seguido, le contestó:
- ¿Comprenderlo? ¡Oh, claro que lo comprendo! Esa persona, en un intento de dañarnos, llama la atención metiéndose todo tipo de pastillas hasta que acaba hospitalizada. Yo te recuerdo que también lo estoy pasando bastante mal, ¿Pero acaso tengo que cortarme las venas y acabar en urgencias para que me hagan caso? Porque no lo haré, pero me duele tener amigos que sólo se preocupan en casos extremos. No quiero hablar más del tema, me toca demasiado las narices. Ahora déjame en paz. - su tono se iba elevando a medida que iba sacando las cosas que, con el tiempo, se habían ido forjando.
- ¿Me estás dejando como un hijo de puta sin sentimientos? Porque creo que lo acabas de insinuar. Mira, haz lo que quieras, piensa lo que te dé la gana, pero recuerda bien todo lo que ha pasado en tu vida y qué papel he jugado yo en todos esos momentos. Creo que la furia se sobrepone a tu razón.
Se levantó, quitando bruscamente sus brazos de la cintura de Shiloh, y se puso la mochila al hombro. Ella vio cómo iba alejándose demasiado rápido como para ir detrás de él, y además correr sólo haría que sintiese más frío en el cuerpo del que ya tenía. No sabía muy bien cómo reaccionar, pero al fin y al cabo era mejor no hacer nada. Había vuelto, de nuevo, a aquella versión de sí misma que tanto detestaba: Su comportamiento infantil y la exaltación desmesurada. Muchas veces las personas a la mínima tocaban la fibra sensible de Shiloh, y aquellas que menos la conocían la tomaban o bien por infantil, o bien por una chica con problemas. La verdad es que ella no sabía bien con qué versión quedarse, se identificaba con las dos. Esas reminiscencias de su pasado se juntaban con su valentía actual para responder mal ante los asuntos que la molestaban, generando una de las combinaciones más explosivas jamás vistas.
Como siempre que discute con alguien, siente impotencia, pero a la vez le embarga la vergüenza e intenta hacer como que nada de lo antes sucedido haya pasado, pero ahora que no había nadie a quien enseñar su faceta de chica fuerte e independiente (la plaza estaba prácticamente vacía, excepto por un par de personas sin techo), se puso a llorar como una niña pequeña cuando las cosas no salen como ella quiere que salgan. Su vida era un enorme lío lleno de las situaciones más extrañas que jamás te pudieras imaginar, pero para poder comprender bien lo que llevó a Shiloh a tan desesperante estado sólo se puede entender mediante un breve pero intenso flashback en el que se condensan casi la mitad de sus años de vida.

sábado, 6 de febrero de 2010

Dust in the wind.



I close my eyes, only for a moment and the moment's gone.
All my dreams, pass before my eyes with curiosity.
Dust in the wind, all we are is dust in the wind.