Debido a mi posición con respecto a este tema me encuentro en desacuerdo con el estoicismo y su postura adaptada hacia la vida: vivir es, en gran parte, sentir, y si una persona no siente es incapaz de discernir entre la felicidad y la tristeza, y como el ser humano está compuesto de una parte racional y otra sensible considero un sin sentido privar a la persona de una parte esencial de ésta.
También creo en que la felicidad es el fin último del ser humano, y que todo lo que hacemos se encuentra dirigido al encuentro de esos momentos que nos hacen sentir bien, felices; aparte de estar dirigido también al cumplimiento del deber que muchas veces puede no hacernos felices, pero sí puede hacer el bien a los demás. Defiendo, por lo tanto y en parte, las teorías de Aristóteles y de Kant.
La tristeza es el resultado de problemas y decepciones, y la lucha que realizamos constantemente va encaminada al deseo de encontrarnos bien y poder disfrutar de momentos felices de nuevo.
Para obtener la felicidad es preciso luchar por nuestros deseos y objetivos, superarse a sí mismo y vencer los miedos. Todo ser humano tiene ese afán de superación, y no tenerlo supondría sentir cierta tristeza por parte de la persona en cuestión ya que su vida carecería de sentido. Es inevitable tener sentimientos y sensaciones y por ello creo que el estoicismo se contradice.
Por mucho que los estoicos intenten poner en práctica su teoría basándose simplemente en aceptar que todo tiene un destino y que no tiene sentido luchar contra él, se contradicen. Creen que el destino surge debido a las leyes de la naturaleza, cuando la propia naturaleza del ser humano hace que razonemos y sintamos a la vez que tengamos ese afán de superación, no permanecer impasibles ante todo lo que suceda, como hicieron los estoicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario