- ¿No crees que es demasiado tarde?- me dice una voz que reconozco como familiar, muy cerca de mí.
- Nunca es demasiado tarde.- respondo. Yo sabía que él estaba esperando esa respuesta. Acto seguido, me besa dulcemente en la boca, y me sonríe.
Sabía con certeza lo que estaba pensando: "Sé fuerte. Ya lo eres, sólo te falta creértelo."
Le miro, le susurro un "te quiero" y sigo contemplando el cielo. Él se aleja, se mete dentro de casa a dormir. Ya no teme, ya puede dormir tranquilo porque ya no temo a la oscuridad. Las estrellas me guían, y él, me protege.
No hay comentarios:
Publicar un comentario