Se encaminó hacia la cocina, a ver si había algo de comer, y cogió unas cuantas galletas y se volvió de nuevo a su madriguera. Lo cierto es que su madre siempre decía que su cuarto era un cuchitril oscuro y que entendía que se deprimiese tan sólo con el hecho de encontrarse en él encerrada, pero aún así era como si Shiloh tuviese una adicción con su habitación. Le hacía sentirse fatal, pero aún así no podía salir de él.
Al cabo de un tiempo, recibió una llamada en el móvil. Era Joel. "¿Qué querrá este ahora?", se preguntó, y contestó al teléfono:
- ¿Diga?
- Hola, Shiloh. ¿Dónde estás?- preguntó, preocupado.
- En mi casa, ¿Por qué?
- No, por nada... Es que ayer todo sucedió de una manera verdaderamente extraña, y siento mucho haber armado tanto follón y haber discutido...- Esperó una respuesta por parte de Shiloh que no obtuvo, así que continuó hablando- Además, no te he visto por el colegio y tenía miedo de que te hubiese pasado cualquier cosa. ¿Puedo ir a verte a casa?
No sabía bien porqué, pero esa reacción jamás se la hubiera esperado de Joel. Un escalofrío recorrió toda su espalda y sintió un hormigueo en el estómago, algo que hacía demasiado tiempo que no sentía. ¿No se estaría enamorando de él? Otra vez la duda, el vértigo, la incertidumbre. Esto no podía ser verdad, no podía enamorarse de él, arruinaría todo: Se volvería loca por él, él la rechazaría, ella haría como si todo hubiese sido o bien un sueño o una broma e intentaría restaurar la relación, pero ya sería demsiado tarde. Todo el mundo se enteraría, la darían de lado y se reirían de ella o la etiquetarían de enamoradiza.
Entre todos estos pensamientos que pasaban por su mente, Joel seguía esperando una contestación por parte de Shiloh, y cuando ésta al fin se dio cuenta, no tuvo apenas tiempo para elaborar una respuesta, siendo un seco "no, tengo que hacer cosas, lo siento", lo primero que le salió de la boca. Acto seguido, colgó sin decir siquiera adiós.
A Shiloh le aterrorizaba el amor, quizás porque le recordaba de manera exacerbada a la declaración de amor que hacía apenas dos meses le había hecho Laila, y que ella rechazó automáticamente y de manera fría. Todavía recordaba ese día como si hubiera sido ayer: Todo transcurría de manera normal, se estaban preparando para ir a la biblioteca del colegio a eso de las cinco y ella, con sus mejillas sonrojadas, se le acercó. Shiloh se le quedó mirando, y ella, tímidamente, le preguntó si podrían salir un momento al patio a hablar. Esto no sorprendió a Shiloh en un principio, pero cuando vio que Laila comenzaba a morderse las uñas con ansiedad mientras se dirigían al patio, ella comenzó a sospechar que algo malo sucedía. Inocentemente, ella le preguntó:
- ¿No te habrás quedado embarazada, no?
Laila, a pesar de su nerviosismo, se echó a reír a carcajadas, la miró fijamente a los ojos y le respondió con un "no" rotundo. Tras ello acercó su cara rápidamente hacia la suya en un intento de besarla, pero Shiloh se quitó rápidamente y, desconcertada, saltó del banco en el que estaban ya sentadas.
- ¿Pero qué estás haciendo?- Parecía enfadada, pero en realidad lo que sentía era una profunda incertidumbre.
- Lo siento, no sé porqué lo he hecho... Debería haberme esperado a contarte todo, pero es que te quiero tanto...
Por un momento Shiloh pensaba que Laila había perdido definitivamente el juicio, y no por ser lesbiana, sino por de repente intentar besarla sin decirla nada, y además sin saber su tendencia homosexual de antemano. En realidad la propia Shiloh tenía tendencias bisexuales, algo que no solía comentar a los demás, pero que tampoco intentaba esconder.
- A ver, Laila, explícame todo esto, porque de verdad que no me entero de nada... ¿Cómo que me quieres tanto? Querrás decir como amiga, ¿no?
- No, tía... Me gustas, yo qué sé. Creo que me he enamorado de ti, y te lo digo en serio.
Se produjo el silencio más incómodo que jamás había experimentado Shiloh en su vida y, en un intento de dejar todo el acontecimiento en una anécdota, riéndose, exclamó:
- ¡Ah, ya lo entiendo todo! ¿Es una broma, no? Ja ja ja
- No.- contestó seriamente Laila- Mira, debería no haberte dicho nada, sabía que no tendría que haber contado nada, pero fui tan imbécil que me dejé llevar por todo lo que dijo Joel...
- ¿Qué? ¿Qué te dijo Joel? ¿De verdad estás... enamorada de mí?
- Nada, Shiloh, simplemente me animó a desahogarme, pero comprendo que no sientas lo mismo...- Se levantó del banco y comenzó a andar hacia la biblioteca sin mediar palabra con Shiloh. Ésta, completamente cohibida, se alejó de ella y se encaminó hacia la biblioteca también. A pesar de que Shiloh no hubo contestado un "no" como tal, las cosas habían quedado claras, y esto a Laila le pasaría factura en pocos meses.
Tras aquel suceso, no quería pensar en el amor, y la verdad, tampoco quería hablar sobre la amistad. Su mejor amiga se había enamorado de ella, y lo peor, había arruinado la relación. Ya no sabía en quién confiar, no tenía ni idea de quién estaba enamorada de ella y quién simplemente había sido su amiga, y por eso no quería sentir nada de nada por Joel, porque se repetiría la escena de Laila pero a la inversa, y verdaderamente lo odiaría.
Pasaban los minutos, y ella estaba muy aburrida y triste, la incertidumbre y las sensaciones extrañas se habían apoderado de ella. Quería saber de Joel, quería abrazarlo y preguntarle porqué se había preocupado tanto por ella, qué sentía él hacia ella... había tantas cosas que decir que, finalmente, Shiloh cogió el teléfono y, sin pensarlo, marcó el número de Joel. Él la contestó en seguida:
- ¿Has cambiado de opinión?
¿Le había leído la mente?
- Hombre, si pudieras pasarte por casa a eso de las seis me parecería genial. Tengo muchas cosas de las que hablar y desahogarme...
- Perfecto, a las seis estoy ahí. ¿Habrá alguien?
- No, sólo tengo que estar un poco pendiente de mi hermana, pero hasta las nueve y media no llegan mis padres a casa.- ¿Por qué habría preguntado eso Joel? Otra vez la sensación de angustia y cosquilleo, y ¿Por qué narices no se le habría ocurrido a Shiloh preguntarlo en voz alta? Cosas suyas.
- Genial, te veo en tu casa a las seis entonces. Un beso.
- Adiós.
¿Acababa Joel de decir 'un beso'? ¿Estaban sus amigos bien últimamente? Todo parecía tan raro que, además de encontrarse mal, se estaba temiendo que Joel también estuviese sintiendo algo por ella.
Así es la vida, que da círculos constantemente y nos llevamos las mismas ilusiones, dudas e incertidumbres.
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