- ¿Comprenderlo? ¡Oh, claro que lo comprendo! Esa persona, en un intento de dañarnos, llama la atención metiéndose todo tipo de pastillas hasta que acaba hospitalizada. Yo te recuerdo que también lo estoy pasando bastante mal, ¿Pero acaso tengo que cortarme las venas y acabar en urgencias para que me hagan caso? Porque no lo haré, pero me duele tener amigos que sólo se preocupan en casos extremos. No quiero hablar más del tema, me toca demasiado las narices. Ahora déjame en paz. - su tono se iba elevando a medida que iba sacando las cosas que, con el tiempo, se habían ido forjando.
- ¿Me estás dejando como un hijo de puta sin sentimientos? Porque creo que lo acabas de insinuar. Mira, haz lo que quieras, piensa lo que te dé la gana, pero recuerda bien todo lo que ha pasado en tu vida y qué papel he jugado yo en todos esos momentos. Creo que la furia se sobrepone a tu razón.
Se levantó, quitando bruscamente sus brazos de la cintura de Shiloh, y se puso la mochila al hombro. Ella vio cómo iba alejándose demasiado rápido como para ir detrás de él, y además correr sólo haría que sintiese más frío en el cuerpo del que ya tenía. No sabía muy bien cómo reaccionar, pero al fin y al cabo era mejor no hacer nada. Había vuelto, de nuevo, a aquella versión de sí misma que tanto detestaba: Su comportamiento infantil y la exaltación desmesurada. Muchas veces las personas a la mínima tocaban la fibra sensible de Shiloh, y aquellas que menos la conocían la tomaban o bien por infantil, o bien por una chica con problemas. La verdad es que ella no sabía bien con qué versión quedarse, se identificaba con las dos. Esas reminiscencias de su pasado se juntaban con su valentía actual para responder mal ante los asuntos que la molestaban, generando una de las combinaciones más explosivas jamás vistas.
Como siempre que discute con alguien, siente impotencia, pero a la vez le embarga la vergüenza e intenta hacer como que nada de lo antes sucedido haya pasado, pero ahora que no había nadie a quien enseñar su faceta de chica fuerte e independiente (la plaza estaba prácticamente vacía, excepto por un par de personas sin techo), se puso a llorar como una niña pequeña cuando las cosas no salen como ella quiere que salgan. Su vida era un enorme lío lleno de las situaciones más extrañas que jamás te pudieras imaginar, pero para poder comprender bien lo que llevó a Shiloh a tan desesperante estado sólo se puede entender mediante un breve pero intenso flashback en el que se condensan casi la mitad de sus años de vida.
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