domingo, 10 de octubre de 2010

Simplicidad.

Ella lo sabía, todo aquello no estaba hecho para ella. ¿Qué le importaba a ella las prisas por resolver su vida en cinco minutos? ¿Cuándo perdió aquel resquicio de dignidad que le quedaba? Y lo más importante, ¿Quién era? Porque definitivamente no era quien quería ser.
Muchas veces la única solución está en el sinsentido de no ser, el de quedarse quieto para ver quién se queda contigo, ya que son los demás los que te hacen ser quién eres, aunque a veces duela.

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