domingo, 13 de junio de 2010

El árbol de la ciencia.


Séptima parte:

LA EXPERIENCIA DEL HIJO

I. El derecho a la prole (fragmento)

"Unos días más tarde se presentaba Andrés en casa de su tío. Gradualmente llevó la conversación a tratar de cuestiones matrimoniales, y después dijo:

- Tengo un caso de conciencia.
- ¡Hombre!
- Sí. Figúrese usted que un señor a quien visito, todavía joven, pero artrítico, nervioso, tiene una novia, antigua amiga suya, débil y algo histérica. Este señor me pregunta: ¿Usted cree que me puedo casar? Y yo no sé qué contestarle.
- Yo le diría que no- contestó Iturrioz- Ahora, que él hiciera después lo que quisiera.
- Pero hay que darle una razón.
- ¡Qué más razón! Él es casi un enfermo, ella también; él vacila... Basta, que no se case.
- No, eso no basta.
- Para mí sí; yo pienso en el hijo; yo no creo, como Calderón, que el mayor delito del hombre sea el de haber nacido. Esto me parece una tontería poética. El delito mayor del hombre es hacer nacer.
- ¿Siempre? ¿Sin excepción?
- No. Para mí el criterio es éste: se tiene hijos sanos a quienes se les da un hogar, protección, educación, cuidados..., podemos otorgar la absolución a los padres; se tienen hijos enfermos, tuberculosos, sifilíticos, neuroasténicos, consideramos criminales a los padres.
- ¿Pero eso se puede saber con anterioridad?
- Sí, yo creo que sí.
- No lo veo tan fácil.
- Fácil no es, pero sólo el peligro, sólo la posibilidad de engendrar una prole enfermiza debía bastar al hombre para no tenerla. El perpetuar el dolor en el mundo me parece un crimen."

- El árbol de la ciencia, Pío Baroja.

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