miércoles, 21 de abril de 2010

Cubículo.















Sé que he estado ya aquí. Lo siento, noto el frío, el olor de la lluvia mojada bajo mis pies. Te siento a ti, la hostilidad de tu mirada, tu suma fragilidad, los recuerdos rotos por el espejo de la memoria.

Oigo un nombre, pero no quiero escucharlo. Me grita, me suplica, pero prefiero ignorarlo. Paso por aquel banco, paseo por entre los jardines, y una niña, escondida entre los altos matorrales, me mira de reojo y me sonríe. Me acerco a ella, sé que ya la conozco de antes. Me agarra y me mira suplicante, pero no sé qué me pide. Huyo, mas a la vez quiero quedarme. Me rodea el cuello con sus manos, me está asfixiando y yo la dejo.
Me levanto de la cama, clavo la chincheta en una de las cuatro paredes de mi diminuto cubículo, y pienso en ti.

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