Bienvenidos a la depresión.
Las manos tiemblan tras el último café, las tenazas asfixian con crueldad los estados de conciencia; los atan, como si de cadenas de hierro se trataran; la respiración se entrecorta, el sudor recorre el cuerpo del débil y le imposibilita pensar. Su mente se tensa, la mirada se bloquea y el corazón resiste al dolor con fuerza.
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