lunes, 18 de enero de 2010

Lo más depresivo que he escrito.

Su recuerdo permanecía ahí, intacto. Nadie lo había removido de su sitio jamás porque él no lo permitía. Intentó recordar, aparte del sabor amargo que le había dejado en el alma la pérdida de Amy, algunos otros recuerdos de su adolescencia, pero pocos le venían a la cabeza. "Supongo que prefiero no recordarlos.", pensó.
Entonces fue cuando se acordó de nuevo de ella. De sus ojos, de sus labios, su sonrisa, de su cara en general. Esa cara al principio alegre que, con el paso del tiempo, se fue transformando en una cara inexpresiva... Porqué le había hecho eso, él no lo sabía. Cuándo iba a volver, tampoco.
Decidió que ya había pensado lo suficiente en ella y que era hora de hacer algo. Agarró el teléfono y marcó el primer número que se le vino a la mente, a ver si había alguien en la otra línea que pudiese alegrarle el día o darle algo de conversación. "Me siento jodidamente solo..." Eso era lo que más se repetía a sí mismo desde hacía ya varios meses.
La fama. La fama era la culpable de todos sus males, era ella la que había hecho que acabase con falsos amigos que habían estado a su lado por puro interés. Él sabía que ya no tenía solución, que ni siquiera su psicóloga le podía ayudar, y las pastillas que su psiquiatra le recetaba eran más de lo mismo, pura bazofia. Entonces es cuando le venía a la mente otra frase que también se repetía constantemente a sí mismo: "El mundo no es perfecto. Mi gloria y mi vida se acabaron hace ya tiempo, así que no sé qué sigo haciendo aquí."
Tras intentar contactar con cualquier persona que se ofreciese a hacerle compañía por teléfono sin obtener respuesta, cogió su abrigo rapidamente y salió a la calle. Era invierno, pero si había una única cosa que le gustase era dar largos paseos por Berlín en época invernal. Anduvo tranquilamente por la Kufürstendamm Straße hasta llegar a la Breitscheid Straße donde había unos puestos navideños a su parecer graciosos y curiosos. Los estuvo echando un vistazo durante un rato sin librarse de las preguntas a las que ya estaba acostumbrado:
- ¿Pero tú eres el de...?
- Sí, el mismo. Encantado.
- ¡Joder, tío, pensaba que estabas muerto! ¿Hace cuánto que no apareces por televisión?
- Unos diez años, sí... Ha llovido mucho desde aquellos días. - contestaba sonriendo. Al fin y al cabo esa era una parte de su trabajo que nunca tendría que dejar por mucho que dejase de aparecer en los medios. Es el alto precio de la fama, de sus errores adolescentes, de haber sido tan polémico en su época. .
De repente, en medio de una conversación, su mirada se desvió y se clavó en una mujer de pelo castaño y ojos verdes. "Es ella", pensó. "No me lo puedo creer, esto no puede ser cierto..."
En efecto, era ella.
¿Qué sucedió tras ello?
Él se quitó la vida.

1 comentario:

  1. joder tía pues menos mal que según la entrada anterior te había entrado un "venazo positivo"...!!!! si te entra negativo te cepillas con una bomba atómica los graciosos puestecillos navideños.....uf !!

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