Bajó las escaleras de mármol, resonaba tan sólo el eco de los altos tacones de aguja, y una vez sentada en la silla del piano, deslizó sus blanquecinas manos por las polvorientas teclas que estaban impregnadas de melancolía e historia. Una melodía comenzó a sonar, y ella derramaba lágrimas de emoción. Detrás de ella un pequeño gato negro de ojos verdes caminaba con sigilo, y al escucharla tocar, se acercó a sus piernas y se acurrucó en ellas.
Las notas del recuerdo, la polvareda del olvido, el gato del cariño y los perros de guerra aguardaban a la tranquilidad para defraudarla. Ahora tan sólo queda la imagen que se desvanece.
No intentéis buscarle el sentido.
BIEN...HAS VUELTO ¡¡
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